Mar, 04/18/2017 - 16:59 -- simgia

Más que remesas

Hugo Oddone1

Durante los años previos a la conmemoración del Bicentenario de nuestra Independencia Nacional, arreció la movilización de comunidades paraguayas emigradas en diferentes países del mundo, reclamando una enmienda constitucional que les restituyera el derecho a voto.

Los constituyentes de 1992, imbuidos todavía de los prejuicios ideológicos enquistados en el autoritarismo vigente en las décadas anteriores contra las personas migrantes, habían cercenado ese derecho. Elegir autoridades nacionales quedó reservado como privilegio de los residentes en el país, estatuyéndose la defunción civil y política de quienes habían tenido que optar por la emigración.

El clamor de las comunidades desterradas adquirió una fuerza formidable a través de diversas asambleas realizadas en el exterior y en nuestro territorio, constituyéndose en una presencia inusitada y visible de la histórica diáspora, como no se había sentido nunca antes en nuestro país. Fue así como, en 2011, se logró que el Congreso Nacional convocara al primer referéndum de la era democrática del Paraguay a través del cual la ciudadanía instauró en la Constitución Nacional el derecho a voto de las personas emigradas.

Durante los años previos a 2011, un lema fue enarbolado por los migrantes como bandera de lucha en pos de ese reclamo: “Tu remesa vale un voto”. Se desafiaba de este modo al poder político, y a la sociedad paraguaya toda, a reconocer que detrás de los millones de dólares enviados anualmente como aportes al Ingreso Nacional, se encuentra el esfuerzo productivo de centenares de miles de compatriotas integrantes de las comunidades de emigrantes dispersas por el mundo, participando a la distancia del desarrollo del Paraguay.

Esa contribución, canalizada a través de las remesas a sus familiares residentes en el país, marcaba la diferencia dolorosa de una marginación patente en cada evento electoral, cuando los miembros adultos de esas familias concurrían a elegir autoridades y proyectos de gobierno, excluyendo deliberadamente a quienes, en cambio, son admitidos como generadores de riqueza desde el extranjero, pero sin derecho a voto.

Esa dualidad de “presencia en ausencia”, debía ser reparada. Y lo fue gracias a la enmienda constitucional del año 2011. Y aunque la burocracia y los poco eficientes mecanismos de la participación electoral de los emigrados siguen siendo cuestionados por su escasa captación de electores, al menos la vigencia plena del derecho a elegir ha sido un incuestionable triunfo ciudadano y un logro concreto de la emigración en el escenario nacional.

Si de relacionar la migración con el desarrollo se trata, no cabe duda de que, mucho más que las remesas que engrosan el PIB, la presencia de las comunidades emigradas en el ámbito político es una forma de integrarse activamente al desarrollo humano del Paraguay. Esa presencia comenzó a materializarse ya con las movilizaciones de reclamo por la enmienda y, en la medida que la presión se mantenga por perfeccionar los procedimientos de inscripción y participación electoral y política, podrá ser cada vez más fructífera.

Está claro, además, que una extendida residencia en países extranjeros con mayor nivel de desarrollo permite incorporar a las personas migrantes a una cultura cosmopolita, pudiendo redundar en beneficio de un mayor enriquecimiento cultural de nuestro propio país. El valor de ese bagaje otorgado por la pasantía en otras tierras, no solo fortalece la conciencia ciudadana: también anima la creatividad y la iniciativa de progreso que las mujeres y varones emigrados y retornados al país proponen, apenas se les brinda una oportunidad de reintegración positiva a la patria.

La experiencia de retorno asistido de connacionales así lo demuestra y podría ser enormemente potenciado en tanto se le asignen mayores recursos técnicos y financieros como parte de políticas públicas de largo plazo. Como reconoce la entidad responsable de la repatriación en el Paraguay, los conocimientos y aptitudes desplegados por los repatriados los convierte en activos emprendedores con capacidad de realizar importantes inversiones de capital y tecnología innovadora, en una notable diversidad de pequeñas y medianas empresas en sus comunidades de origen y en toda la extensión del territorio.

Centenares de iniciativas de emigrantes retornados en los últimos años se han traducido ya en empresas de producción primaria, industrialización y servicios de alimentación, lechería, mecánica automotriz, tejeduría y costura, entre otros, que han implicado la inversión de capital propio junto a pequeños subsidios estatales, en una proporción de 82% y 18% respectivamente. Estas experiencias se han extendido desde Asunción hasta Alto Paraná y desde Concepción hasta Itapúa.

A todo ello han de sumarse las contribuciones que la inmigración ha representado históricamente para nuestro país, en términos de su organización y desarrollo social, económico, político, empresarial, profesional, cultural y en otra multiplicidad y variedad de aspectos que han cristalizado en una integración positiva, creando colonias, fundando ciudades y aportando al capital social.

Estas experiencias son testimonios vivos de que, frente a la marginación o el desprecio, sumar e integrar son estrategias nacionales inteligentes para abordar el fenómeno de la migración.


 

1 Especialista en Población, migración y desarrollo.